De paseo por S'pore.
En metro hasta Outram Park para comenzar el recorrido por China Town, sus calles y sus edificaciones que al fondo se alzan imponentes los rascacielos, que la perspectiva que se tiene hace que te confundas en que mundo se está.
Es curioso, pero en pleno centro China Town y en la misma calle hay ubicados tres grandes templos de religiones diferentes. El primero que encontramos es el Buddha Tooth Relic Temple, es un complejo muy bien organizado, dispone de espacio de culto, parte de museo, buenas fotografías y en la azotea un jardín de orquideas de todos tipo y colores.
Más adelante nos encontramos el Sri Mariamman Temple, este hindusita. Y nada al cruzar la calle nos encontramos con una mezquita. Waooo! Esto si es libertad de culto.
Es maravilloso como a pesar de las razas y religiones se puede convivir el armonía.
Seguimos nuestro camino y pasamos al distrito colonial, aquí visita obligada al archifamoso Raffles Hotel. Y continuando por Raffles Boulevard (aquí todo es Raffles) llegamos a la Fountain of Wealth, una gigantesca fuente que rodeada de arboles, edificios permiten un agradable descanso en el camino.
Paseando por la Explanade atraídos por sus modernas edificaciones, así llegamos al también conocido Fullerton, y el Merlion Lion Fish (Imagen de Singapur)en el distrito financiero.
Por la tarde ya vamos en autobús a Johor Bahru y de ahí en avión a Kuching (Borneo) Comienza la aventura!
Solo llegar a la frontera y bajar con equipaje en mano para hacer los trámites de salida, bufff! ya están aquí las dichosas colas de las que habíamos oído hablar...solo fue cuestión de media hora. Luego sube a otro autobús que te cruza el estrecho y más trámites, ahora de entrada pero aquí si que van deprisa. A la salida un taxi que nos cobra unos 40MYR hasta el aeropuerto.
El vuelo por Air Asia, fenomenal pero con un reggeton de música todo el vuelo. Que ganas de llegar que tenia!
Llegamos a Kuching, que para ser una ciudad tan turística tiene muy poco encanto, dimos un paseo a lo largo del rió, desde donde se contempla los dos lados antagónicos de la ciudad, uno con grandes hoteles (el nuestro no) y del otro una zona rural en la que apenas se ven luces.
Eran las 10p.m. y cenamos en el único restaurante que había abierto en el Waterfront Bazar (sssshhhh, que cayó otro plato de arroz)
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